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Cannibal Raw Bar. Un coruñés en Justicia


Hace más de un año que conocí este restaurante ubicado en la esquina de la Calle Almirante con Conde de Xiquena y tras haber vuelto en varias ocasiones hoy me decido a contar qué es lo que me ha incitado a repetir.


Los locales que cuentan con ventanales que dan a pie de calle me encantan y este los tiene. La amplia barra invita a sentarse a tomar un aperitivo para, si de da el caso, esperar al resto de tus acompañantes. Si se retrasan un poco no te importará, podrás disfrutar viendo como se desenvuelven los cocineros entre los fogones.


El hecho de que la cocina esté abierta de par en par es otro punto que también tengo en cuenta. Todo a la vista, sin ocultar nada y lo más importante, sin el más mínimo olor.

La decoración juega a los contraste mezclando el frío del mármol y el calor del ladrillo, tal y como hace la carta que ofrece.

En ella encontrarás platos que no tocan el fuego, como los tartares de carne o pescado, los ceviches de vieiras, corvina o mero, -para mi gusto con exceso de cítricos- los carpaccios de pulpo, solomillo de vaca y de pez mantequilla o las ostras.

Otros que coquetean con él, pero solo un poco, como las estupendas sardinas ahumadas, o las almejas y navajas a la sartén. De diez.


Y otros que se entregan por completo, como el lomo saltado peruano con el punto justo de ají, la picaña con puré de boniato o el arroz chaufa con atún en lugar de pollo. Todos muy recomendables.

En postres, destacar el flan de mascarpone y una nueva incorporación, la mousse de chocolate con pistachos y frutos rojos.


Para acompañar todo esto podrás elegir entre una surtida selección de vinos donde, como no podía ser de otra manera, muchos gallegos están presentes.



No te marches sin pasar por los aseos. Aunque te cueste dar con ellos, merecerá la pena encontrarlos.




Calle Almirante nº 12
Madrid
Teléfono 91 026 87 94

Apuntes de Valencia


Un curso en Valencia me da pie para sacar los billetes y marcharme.



Elijo un hotel pequeño y céntrico, atendiendo a las buenas críticas que han hecho de él. Ubicación estupenda al igual que la insonorización, (aspecto muy importante si decides alojarte en el centro de cualquier ciudad) la limpieza y la atención. 



Como puedes ver se trata del Hotel Myr Plaza del Mercado.

Te aconsejo que solicites una de las habitaciones que dan a la fachada del Mercado Central, idea de dos colaboradores del arquitecto modernista Domènech i Montaner, del cual ya te hablé en la entrada sobre Barcelona. Sus nombres, Francesc Guàrdia y Alexandre Soler.

Por supuesto que no puedes irte sin entrar en él, no solo por si deseas comprar cualquier cosa en alguno de sus 300 puestos, sino por que seguro disfrutaras de su magnífica arquitectura.



Una cosa, solo podrás acceder de lunes a sábado y desde las 07.00 h hasta las 15.00 h.

Después del ajetreo mañanero, por la noche todo queda en calma.



Y ya que te hablo de un mercado aprovecho para hacerlo de otro. 

Se trata del Mercado de Colón, también modernista como el anterior y en este caso obra de Francisco Mora Berenguer. Actualmente no funciona como mercado propiamente dicho y se ha renovado siguiendo la estela de tantos otros que ofrecen espacios gourmet, restaurantes y bares. Yo estuve en Mi Cub y me gustó, pero tienes muchos donde elegir en función de tus apetencias, al aire libre o a cubierto.



Sin cambiar de tercio y ya que hablo de comida, unas pistas sobre algunos de los sitios para yantar que visité en mi estancia. 


Para empezar La Salvaora, a pocos metros del hotel, en concreto en el Carrer de Calatrava 19. Una pequeña taberna muy agradable donde, desde las paredes, te observarán comer cantaores flamencos de todos los tiempos. 



Platos tradicionales de la cocina española. Recomendables: las croquetas de jamón, las sardinas ahumadas con confitura de piquillo y el pulpo braseado con crema de patata y sobrasada, por ejemplo. Si te gusta el vino, Córdula Mandó.

El siguiente es perfecto si te encuentras cerca de la Catedral ya que está en la Calle Bordadores 10, a los pies del Micalet.



Se trata del Colmado Lalola.


Tiene tantas cosas donde elegir que te resultará difícil decidir. A mí me vuelven loca tanto los ahumados como los salazones y aquí tienes de ambos y con una calidad excelente, que acompañan con pan de cristal y otras cosas que no te desvelo para que sea una sorpresa. 

En cuanto al producto fresco, los erizos ante todo, pero las zamburiñas no andan a la zaga. Para acompañar, vinos o cervezas, y si te decantas por las últimas no dejes de probar Lalola, una cerveza elaborada por ellos para homenajear al Barrio del Carmen.



Continúo, pero como el siguiente sitio del que te voy a hablar está a espaldas de la Lonja de la Seda, ya sabes, ese precioso edificio gótico que todos hemos estudiado, aprovecho para hacer una parada en él (los domingos la entrada es gratuita).



De nuevo otra taberna, La Sènia, ubicada en el número 2 del Carrer del que toma el nombre. 



Ocupa un esquinazo con grandes ventanales que dan una pequeña plaza y su decoración cálida invita a pasar un agradable rato probando platos como el trencadìs de berenjena, una variante (o al menos a mí me lo pareció) de la caponata di melanzane siciliana, una ensalada de alcachofas crudas muy bien condimentada o unos huevos con trufa negra de Mora de Rubielos

Y del centro, a la Playa del Cabanyal en tranvía.



Como estar en Valencia y no comer un arroz o una paella es casi un sacrilegio, decido cumplir con el precepto al lado del mar. El lugar elegido, La Marcelina.


www.lamarcelina.com
Un plato de tellinas, mojama con ensalada de encurtidos y un arros amb carrancs i bue con un vino de la Comunidad, Uva Pirata

Después un paseo por la playa y, a la caída de la tarde, un café o una copa en La Marina Beach Club 



El que la mayor parte del centro de la ciudad sea peatonal es un aliciente para recorrerla con tranquilidad. 

Imprescindible acercarse hasta el Palacio del Marqués de Dos Aguas, en el Carrer del Poeta Querolsi quieres ver una fachada imponente realizada en estucos marmolizados y entrar en el Museo que encierra, el Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias Gónzález Martí. Pero si te va más el Arte Moderno, entonces acércate al IVAM.



A pocos pasos del Palacio, la Plaza del Colegio del Patriarca. Un espacio amplio enmarcado por las fachadas de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Valencia (te aconsejo entrar para ver su precioso patio) y por la del Museo del Patriarca.



Un paseo por el antiguo cauce del Túria hasta llegar al Pont de Fusta desde donde tendrás una buena vista de las Torres de Serranos. Torres que junto con el Colegio del Patriarca sirvieron de depósito durante un tiempo, antes de salir para Barcelona y después hacia Ginebra, a una parte de las obras del Museo del Prado evacuadas de Madrid durante la Guerra Civil.

Siguiendo en línea recta desde el puente, llegarás hasta la Plaça de la Verge, lugar donde te encontrarás con la Real Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, patrona de la ciudad. 



Plaza siempre muy concurrida y en la que no será raro encontrarse, previo a Fallas, con actos que te recordaran que ya falta poco para la gran fiesta.






Taramundi


Quizás no me creas, pero existe un lugar en Asturias habitado por duendes que, temerosos y escurridizos, corren a esconderse de los humanos bajo un manto de robles, castaños, tejos y helechos.  


Un lugar, donde cascadas en miniatura les sirven de ducha y fuente en la que abastecerse.



Y donde animales negros, de andar perezoso y vegetarianos a ultranza, les dan algún que otro susto. Aunque, bien saben ellos, que no corren peligro.



Sí, este lugar encantado es Taramundi. Aquí descubrirás que alejarse del ruido y saber perderse por rutas de agua, molinos y ferreiros despejarán tu mente y alimentarán tu espíritu.



Tu guarida, en esta ocasión, está en La Rectoral. Un lugar que cuenta con unas vistas privilegiadas pero al que los años, como a ti, han ido dejando su huella.



Allí abajo, Os Teixois te descubrirá una forma de vida ya perdida, donde sus gentes supieron domesticar el agua en beneficio propio creando una industria, en miniatura, férrica y textil. Presa, batán, fragua... 



Desde este enclave, un sendero te llevará entre alisos hasta el pueblo de Las Mestas, Santa Marina, A Casoa y Almallos para finalizar en el mismo punto donde comenzaste, cerrando así un viaje circular.

Construcciones de pizarra celosas de su intimidad irán saliendo a tu encuentro,



a través de caminos sombríos y silenciosos donde, únicamente, escucharas tus pasos.



Un último consejo. No esperes más para disfrutar de este paisaje de cuento.


De ruta por Andalucía


Un nuevo viaje va a dar comienzo y tres fieles servidores se unen a ti para acompañarte por estas tierras del sur. Te vas a Andalucía.


Desvestido de monotonía, agobios y prisas, ruedas tranquilo comprobando como, a tu lado, poco a poco la tierra se transforma.

Un mar, verde y plata ortogonal y manso lo invade todo al tiempo que un olor, acre, untuoso, se adueña de ti. Ahí están y, al observarlos, la voz de Machado susurra en tu oído

"viejos olivos sedientos bajo el claro sol del día, olivares polvorientos del campo de Andalucía" 


Estás cerca. Un poco más y habrás llegado.

ÚBEDA
En una pequeña calle sin salida un edificio, en teja y albero, rompe con la blancura de su entorno aguardando tu llegada. Se trata de Las Casas del Cónsul, lugar elegido para tu primer reposo.



Traspasada su puerta, un atrio, sobre el que se vuelcan las habitaciones, te recibe en silencio dando paso a un patio abierto a la luz donde, el blanco de cal, deslumbra e ilumina las aguas de la alberca que inmóviles esperan tu inmersión.


Calor, mucho calor por las calles aun dormidas de siesta. Te internas en un alfar a resguardo de ese cielo sin nubes, moviéndote con lentitud y tiento entre el laberinto de alcuzas, aceiteras, orzas y alcollas. Es el de Tito

Él juega con el barro, pero no faltan aquí quienes también lo hacen con el hierro y el esparto. Materiales humildes, maleables, que entre manos expertas emprende una nueva vida de utilidad y ornato.

De nuevo en la calle, Murallas de San Millán, Oratorio de San Juan, Huerto del Carmen, Puerta de Granada, Palacio de Busianos, Capilla del Salvador...


En la mesa, el oro líquido es el rey. Novio fiel de unos platos bautizados con nombres singulares que sorprenden y despiertan tu curiosidad; andrajos de bacalao, alcauciles, pipirrana, ochíos, papajotes. 

Una noche más y de nuevo a rodar. Por la A-401 vas dejando atrás Sierra Mágina y ese pueblo que, en los recién estrenados años setenta, dio tanto que hablar. Hechos paranormales fueron la causa. Y sí, es ese que estás pensando, Bélmez.   

Cambias a la A-44 camino de Granada pero en esta ocasión no recalas en ella, ya lo hiciste no hace mucho, y sigues adelante hacia tu nuevo destino.

MONACHIL

La llegada hasta el hotel no ha estado exenta de cierta complicación, pero ahora te das cuenta de que lo intrincado del camino ha merecido la pena. 



Estás en La Almunia del Valle, a los pies de Sierra Nevada. Desde la habitación, un inmenso ventanal se abre hacia las montañas de la Sierra de Huétor, sirviendo de marco a tus sueños y tus duchas.



Hoy pasas la tarde aquí, disfrutando de este magnífico entorno y de la piscina escondida entre olivos que, a estás horas, ya está solitaria. 

Al acercarse la noche, una mesa espera tu llegada para que, mientras cenes en ella, tu vista juegue a perderse por esos montes en calma.


lavanguardia.com
Un desayuno en el mismo enclave y listo para descubrir un racimo de pueblos empapados de sabor andalusí. Te vas a La Alpujarra.

LANJARÓN, ÓRGIVA, PAMPANEIRA, BUBIÓN, CAPILEIRA…

Carreteras serpenteantes, festoneando el vuelo de las faldas de Sierra Nevada, te van acercando hasta ellos. Al llegar a Lanjarón, la imagen de su balneario te inocula una dosis de melancolía y una vez más, al igual que te ha ocurrido ante infraestructuras similares, te acuerdas de Thomas Mann y su inolvidable obra La montaña mágica

En Órgiva un último reducto hippie, de aquellos de los setenta, sigue adelante con sus consignas al tiempo que los budistas, meditando en jarapas multicolores, encuentran su Shangri-La sin necesidad de volar al Tíbet.

Más arriba, en el Barranco de Poqueira, los pueblos de Pampaneira, Bubión y Capileira  se deslizan sobre él retorcidos y empinados mientras sus casas, en su afán de ganar espacio, se anclan unas a otras mediante singulares tinaosPasajes de cobijo para este sol que no da tregua. 



Paseando entre sus calles descubres que no eres el único que se esconde de él. Y así, cada cual a su manera, se las ingenia para ponerse a cubierto.



De hecho, hasta las chimeneas lo hacen, cubriendo sus cabezas cual cholitas bolivianas.



Calles en cuesta refulgentes de cal.



Azules en cielo y puertas. 


Y macetas, vibrantes de verde y rojo, haciendo de contrapunto en un mosaico de sombras.




Te alejas de Monachil por la A-92. La indicación de Santa Fe te evoca el sabor de un dulce y tu boca se hace agua: piononos. Esos pequeños pasteles, cubiertos por un solideo de crema tostada, hechos en honor de un papa. 

Sigues adelante y el apetito va en aumento. Has entrado en la provincia de Málaga y tomas el desvío de la N-342, en busca de un plato por el que se disputan su origen dos poblaciones vecinas, Archidona y Antequera. Es, la porra

ARCHIDONA

Has llegado y en la Calle Nueva encuentras el restaurante Central. No buscas más, unos amigos te dieron muy buenas referencias de él y siguiendo su consejo te acomodas impaciente por degustar sus platos. 



Y aquí están. Porra archidonesa, berenjenas con miel, secreto ibérico, papandujas de bacalao, sopa de maimones…y molletes.

Y antes de partir, la Plaza Ochavada, vigilada atentamente desde la Sierra de Gracia por los restos del castillo.



Satisfecho el paladar, sigues avanzando. Embalse de Guadalteba, Cuevas del Becerro

RONDA

Has llegado y aquí, en esta tranquila calle del Molino de Alarcón, es donde está tu tercera morada.



Casa blanca, inmaculada, que encierra un jardín secreto desde el que contemplar el trote tranquilo de los caballos de la Real Maestranza. Algo que también hacen, desde lo alto, los mudos lienzos de la muralla. 

Estás en Alavera de los Baños.


Junto a su puerta de entrada, dos ojos te ven pasar. El uno, pequeño y despierto, abierto sobre la espadaña de la Ermita de San Miguel.



El otro, ciclópeo y viejo, apoyando sus cansados párpados sobre el río Guadalevín.


Saben bien a donde vas. 

Acabas de acceder a un hamman nazarí donde, entre arcos de herradura y bóvedas de cañón una luz de estrellas, tamizada y sutil, envuelve de quietud este espacio creado por amor al agua. 


Caminas por Calle Real a lomos del viejo puente. A tu izquierda, los Jardines de Cuenca  abren alegres sus puertas sabiendo que la visita no te defraudará.

De frente, la Casa del Rey Moro, guardiana celosa de una escalera que desciende al pie del tajo.


Y debajo, solo vértigo. 


Cuesta de Santo Domingo, calle Tenorio, momento de comer. Entras en Albacara.

Su comida no defrauda y sus vistas…tampoco.


Y ahora sí, el grandioso Puente Nuevo, tendiendo su mano abierta entre dos Rondas.


Vueltas, vueltas y más vueltas. Alameda del Tajo, Plaza de Toros, Jardines de Blas Infante, Plaza de María Auxiliadora, Plaza del Gigante, Santa María la Mayor…

Y de noche, solo silencio por estas calles de luna.




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