Mostrando entradas con la etiqueta restaurantes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta restaurantes. Mostrar todas las entradas

Cannibal Raw Bar. Un coruñés en Justicia


Hace más de un año que conocí este restaurante ubicado en la esquina de la Calle Almirante con Conde de Xiquena y tras haber vuelto en varias ocasiones hoy me decido a contar qué es lo que me ha incitado a repetir.


Los locales que cuentan con ventanales que dan a pie de calle me encantan y este los tiene. La amplia barra invita a sentarse a tomar un aperitivo para, si de da el caso, esperar al resto de tus acompañantes. Si se retrasan un poco no te importará, podrás disfrutar viendo como se desenvuelven los cocineros entre los fogones.


El hecho de que la cocina esté abierta de par en par es otro punto que también tengo en cuenta. Todo a la vista, sin ocultar nada y lo más importante, sin el más mínimo olor.

La decoración juega a los contraste mezclando el frío del mármol y el calor del ladrillo, tal y como hace la carta que ofrece.

En ella encontrarás platos que no tocan el fuego, como los tartares de carne o pescado, los ceviches de vieiras, corvina o mero, -para mi gusto con exceso de cítricos- los carpaccios de pulpo, solomillo de vaca y de pez mantequilla o las ostras.

Otros que coquetean con él, pero solo un poco, como las estupendas sardinas ahumadas, o las almejas y navajas a la sartén. De diez.


Y otros que se entregan por completo, como el lomo saltado peruano con el punto justo de ají, la picaña con puré de boniato o el arroz chaufa con atún en lugar de pollo. Todos muy recomendables.

En postres, destacar el flan de mascarpone y una nueva incorporación, la mousse de chocolate con pistachos y frutos rojos.


Para acompañar todo esto podrás elegir entre una surtida selección de vinos donde, como no podía ser de otra manera, muchos gallegos están presentes.



No te marches sin pasar por los aseos. Aunque te cueste dar con ellos, merecerá la pena encontrarlos.




Calle Almirante nº 12
Madrid
Teléfono 91 026 87 94

Mercato Ballarò


Me encantaría decirte que me encuentro deambulado entre puestos de frutas, verduras, pescado, especias…dejándome llevar entre ellos reclamada por sus vendedores. Eso supondría que estoy en Sicilia, concretamente en Palermo, y perdida en uno de sus mercados más pintorescos y tradicionales, el Mercato Ballarò.  

www.itinerarisicilia360.com
Pero, aunque me pese, no es así.

Estoy en mi ciudad y, si bien no puedo disfrutar del colorido y los sonidos que envuelven este lugar, me contento deleitándome con la gastronomía siciliana en un restaurante de nombre homónimo que ya lleva unos cuantos años establecido en Madrid.

Para saborear una comida sencilla, sin pretensiones, basada en productos de temporada y con claras reminiscencias de la isla de la Trinacria tendrás dos opciones. Una informal, en la planta baja, donde una barra, mesas altas y algunas bajas te permitirán cenar de tapas o medias raciones y la otra, más formal, si subes las escaleras.

  
Yo me decanto por esta segunda por varias razones. 

Porque las mesas guardan la distancia necesaria para cenar sin que la conversación de los comensales de al lado interrumpa la tuya (siempre y cuando su nivel de voz sea el adecuado). Porque el espacio es acogedor, sobre todo de día cuando la luz natural entra por sus tres ventanales. Porque hay más variedad de platos, tanto en la carta como fuera de ella y porque puede que te atienda Luca, agradable, servicial y atento sin caer en excesos.



En cuanto a la comida.

Muy recomendable el estofado de pulpo, donde el punto picante proporcionado por la harissa pone de manifiesto la influencia árabe en la gastronomía de la isla, al igual que ocurre en el delicioso cous cous de pescado a la trapanese, guiso que no debes dejar de probar si te acercas a Sicilia (te recomiendo comerlo en el pueblo de Marinela justo al lado de las ruinas de Selinunte). Los mejillones a la Palermitana, en los que no falta el aroma de las hojas de albahaca. Las sardinas a beccafico rellenas de una farsa compuesta de pan rallado, piñones, ajo, perejil y uvas pasas, uno de los platos tradicionales por excelencia. 

En las pastas, interesante la propuesta de los linguine alla carbonara acompañada de espárragos o los fettucine con atún de almadraba

Pasando a los postres, no te olvides de los cannoli si eres goloso.

Un vino tinto a recomendar? uno siciliano con uva variedad Nero D'Avola.

Poco más te puedo decir, salvo que lo pruebes si aún no lo has hecho y que en un poco más arriba, en Santa Engracia 90, encontrarás su nuevo local Premiata Fornería Ballarò abierto en 2015.




C/ Santa Engracia 24

Teléfono: 91 310 16 18 / 91 308 49 66

Madrid







Japanese Kirikata



Escondido detrás de la Torre de Valencia (ese edificio gris proyectado por el arquitecto Javier Carvajal en 1968 al que, con los años, nos hemos acostumbrando ver romper de manera hiriente la perspectiva del Parque del Retiro) encuentro un lugar que no entra dentro de la estética tradicional de un restaurante. 

Dos plantas constituyen el espacio. 

En la primera, a pie de calle, mesas y taburetes altos tras una cristalera envueltos en una luz tenue.


forbes.es

En la segunda, butacones, sofás chester, mesas bajas, música, botellas de champagne -hasta en el baño- y una pequeña barra de sushi en el ángulo de un salón que semeja un club británico. 


forbes.es

No puedo decir que los asientos elegidos para la planta baja sean los más indicados para cenar pues, debido a la postura que en ellos se adopta, invitan más a disfrutar de una copa repantigado que a llevarse los palillos a la boca.



Pero dejando a un lado esta (al menos para mí) incomodidad, la materia prima, la excelente combinación de sabores y texturas, la cuidada presentación, el esmero en la preparación, la gran selección de vinos y la atención de los camareros hacen que merezca la pena acercarse.

Logicamente no probé todos los platos de su carta pero, de los elegidos, solo puedo decir bondades. 

Temperatura y textura del arroz en su punto justo tanto para los makis, de cangrejo real, kimchi y salmón y pez mantequilla, como para los niguiris de toro y tomate y anguila tare. Este último exquisito.

En cuanto al  usuzukuri de corvina, impecable corte y mejor aliño. 

Para volver.


C/ Antonio Acuña 19

Teléfono: 91 435 88 29

Madrid


Miki. Un japonés bajo el árbol.


Ya hace tiempo que la gastronomía japonesa fue colonizando los paladares occidentales de manera sutil, discreta, sin estridencias y con su refinamiento nos fue seduciendo hasta quedar fascinados.

Ante el tirón que estaba suscitando, muchos restaurantes se apuntaron a ella tratando de emular sus platos pero careciendo de una base técnica, sólida y profesional. Así, hicieron pasar por comida nipona simples rollos de arroz envueltos en algas gomosas difíciles de tragar o pescados crudos, insípidos y resecos, separados de su medio natural en épocas prehistóricas.

Por suerte, existen muchos otros que siguen fielmente la tradición y ofrecen a los comensales productos frescos ejecutados con maestría y plenos de sabor. 

Uno de ellos es éste del que hoy quiero hablarte.



En el Barrio de Prosperidad, en una callecita frente al Auditorio Nacional de Música, se esconde este restaurante que, estoy convencida, no hubiera descubierto de no ser por mi amigo Javier, un amante de la cultura japonesa en toda su extensión, que me ha ido descubriendo joyas como ésta. 

De hecho, tal es su pasión por el país del Sol Naciente que hasta en el grupo de música, del que él es guitarrista, adoptó como nombre el del índice bursátil del mercado japonés. Sí ese que estás pensando, Nikkei.

Pues bien, siguiendo su consejo aquí estoy.

Nada más entrar y tras la pequeña barra, Hiroo Miki se desenvuelve con la elegancia y seriedad de los que saben ejecutar su trabajo con precisión y mimo para elaborar unos platos que se acercan al cliente elegantes, sin discordancias


Al fondo, en el pequeño salón donde las mesas guardan las distancias cubiertas por las esquemáticas ramas de un árbol invernal, tomo asiento para dar inicio a la degustación.

Salteado de vieiras y setas shimeji con un fondo de mentaiko (huevas marinadas de abadejo). 

Tataki de Hamachi con ponzu (ese delicioso pez de cola amarilla conocido como pez limón de sabor suave y textura muy particular aderezado con una vinagreta en la que se combina el sabor cítrico del yuzu con vinagre de arroz y caldo japonés elaborado con atún) 

Una selección de nigiris de tamaño perfecto y frescura impecable y, por último, dos Uramaki

El primero, de atún picante con huevas de tobiko y crujiente de tempura y el segundo, un Dragón elaborado con anguila, pepino y aguacate donde la fruta, en láminas milimétricas, recubre el arroz conformando una piel a modo de escamas. 

Y ya que ando entre dragones ¿qué mejor compañía que un vino de nombre Pazo das Bruxas

En resumen, una materia prima excelente.



C/ Duque de Sevilla 4

Teléfono: 910 83 69 63

Madrid


Raw Bar


Volver a restaurantes, donde he comido o cenado a las mil maravillas, siempre me seduce. 

Pero eso no implica que de portazo a mi curiosidad por descubrir nuevos sitios que, ya sea por haber leído críticas favorables, por recomendaciones de amigos o simplemente por haber pasado ante su puerta y sentirme seducida por su interior, me inciten a entrar para comprobar si lo leído, contado o visto se ajusta a lo esperado. 

En este caso no tenía referencias, solo la seducción fue la causa de que tomara asiento en él. 

Se trata de un restaurante situado en la C/ Felipe V de Madrid que comparte al alimón, con el Teatro Real, acera y vistas a la Plaza de Oriente.



Si te soy sincera, en un primer momento tuve mis dudas. 

Las nefastas experiencias culinarias sufridas con anterioridad en otros restaurantes, que al igual que éste pertenecen al Grupo Lezama, hicieron que me acercara a él con cierta cautela. 

Pero, afortunadamente, nada tiene que ver con esos otros. 

Alejado de estéticas barrocas o castizas este nuevo local, decorado por Ignacio García de Vinuesa, irradia una luz serena, como la que descubres al sumergirte en las aguas de un mar en calma donde el sol se filtra para, descomponiéndose en pequeños reflectores, iluminar el escenario marino.



Una onda blanca nacarada discurre sinuosa, conformando la barra sobre la que nasas globulares penden a la espera de capturas imaginarias.

Se trata del Raw Bar.



Un servicio atento, profesional y eficiente -que siempre es de agradecer- te mostrará una carta que bucea entre salmones, atunes, vieiras, caballas, lubinas, doradas y gambas rojas para, en crudo o a la brasa, llenar tu paladar de sabores marinos ahumados o conjugados con jengibre, yuzu, lima, sésamo, tapenade, teriyaki, romulade…¡Delicioso! 


Fotografía de lalonjadelmar.com

Pero no temas, también hay espacio para platos más terrestres si tus inclinaciones son carnívoras e, imagino, que estarán a la misma altura que éstos. 

Solo los postres, como nota discordante, rompen el ritmo de esta sinfonía de sabores que insulsos y carentes de personalidad no permiten rematar una comida perfecta. 

Una planta más arriba, acompañado en el ascenso por grandes hipocampos luminosos, se llega a La Lonja de este puerto de mar a la que, sin dudarlo, subiré en una próxima visita.



Por hoy, solo resta decidirme entre uno de los cócteles que pondrán el punto y seguido a este más que agradable descubrimiento.





Cáceres en otoño.


Mientras las grandes urbes despiertan de su letargo estival, retomando nuevamente su frenesí enloquecido y envolviendo, casi inconscientemente, a sus pequeños moradores en su espiral desenfrenada, el otoño se ha ido instalando despacio, con timidez, silencioso.

Alejarse de ellas, aunque esa lejanía sea breve, siempre reconforta y ayuda a afrontar un nuevo curso vital.

Hacer esto no supone tener que irse a las Antípodas, si bien puede ser una opción. Yo te propongo algo más a mano e igual de alentador, un viaje a Cáceres.


Alojarse en un hotel agradable y céntrico es un aspecto a tener en cuenta. Así, una buena opción es el NH Collection Cáceres Palacio de Oquendo que, sin llegar al lujo del famoso Atrio, seguro que satisfará tus necesidades con creces. Balcones volcados sobre la recoleta Plaza de San Juan donde, en días soleados, las pequeñas terrazas invitan al sosiego, acompañado por el tañir de campanas de su preciosa iglesia.




Recorre su casco histórico vacío de coches y descubrirás a unos extraños personajes que, armados con unos palos provistos de cerdas y unas gomas por las que brota agua, se encargan de mantener limpios de polvo y paja todos sus rincones. 

Sabes quienes son? Sí, los barrenderos, esos que hace tiempo han desaparecido de las calles de Madrid. Ya no los vemos y somos muy conscientes de su falta aunque, una alcaldesa de cuyo nombre no quiero acordarme, sigua contemplando una realidad paralela al común de sus habitantes. Madrid está sucio, muy sucio… magnífica carta de presentación para la tan cacareada Marca España!!

Pero sigamos adelante y relajémonos, que eso es lo que hemos venido a hacer aquí. Piérdete por su entramado urbano y déjate llevar por la tranquilidad. Descubrirás un aljibe almohade en el subsuelo del Palacio de las Veletas, sede del Museo de Cáceres.



Torres tapizadas de verde y granate donde moran los vencejos y jardines, ocultos a la mirada de curiosos, de los que en ocasiones asoman sus habitantes.




Las plantas, deseosas de ver mundo, escalan sus muros y se derraman por doquier a la búsqueda de nuevos horizontes.



En sus calles y plazas vacías, contrastes de luces y sombras dibujando una ciudad de cuento. Sucesión de palacios, judería, foro romano, conventos. 





Sigue tu instinto, sin dirección, sin plano y a tu paso saldrán rincones de singular nombre, casas que encierran leyendas, dragones malheridos…Así es Cáceres.



Mientras realizas tus andanzas, descubrirás restaurantes y cafés donde dar descanso a los pies y satisfacción al paladar.


Te encontrarás con Calenda (Adarve del Padre Rosalío 14) un pequeño local de luz tenue, muros recios de sillar e imponente arco. Un espacio muy agradable, atendido con eficacia y  cercanía, donde los platos se alejan de la tradición extremeña. Un vino de la tierra? Habla del Silencio.

De blanco inmaculado te recibirá Bouquet (Plaza de Publio Hurtado 1) con dos espacios a elegir en función de tus necesidades gastronómicas. Buena materia prima, bien elaborada y presentada por un equipo de profesionales que saben lo que hacen. Pista vinícola: Alaude.

Grandes mesas de madera con bancos corridos que, en las noches templadas cacereñas, se iluminan con la tenue luz de las velas. Es la Tapería de la Torre de Sande (Calle de los Condes 3) rústica en su atrezzo pero no en sus viandas. 

En La Taberna Matilda, junto a la Iglesia de Santiago, una pizarra te mostrará una selección heterogénea de platos donde conviven guisos portugueses, marroquies y por supuesto de Extremadura. Si puedes disfrutar de su terraza, todo te sabrá el doble de bueno. En esta ocasión, la pista enológica me la da su agradable tabernero: Evandria Muscat. Un grato descubrimiento.

Si eres goloso, acércate hasta la Plaza Mayor. En sus soportales hallarás un establecimiento donde el tiempo se ha detenido, es la Confitería Isa. En sus expositores  no hay cabida a pasteles fluorescentes, solo tradición y buen hacer: milhojas, piononos, perruñillas, málagas… 

Quizá un café u otra cosa? entonces encamínate hacia Los 7 Jardines (Calle Rincón de la Monja 9) Te envolverá el sosiego, la buena música y un entorno perfecto. Conciertos en vivo, exposiciones, libros y un jardín... envidiable.  

Si te ha sabido a poco, aquí tienes otro espacio donde seguir disfrutando de la música en directo, es El Corral de las Cigüeñas (Cuesta de Aldana 6) Lugar noctámbulo pero también matinal. En su patio, antigua Rectoría de Santa María, podrás desayunar a la extremeña, madrileña, francesa, catalana...bajo dos grandes palmeras y una frondosa yedra.


Es momento de volver, la realidad nos espera después de unos días de ensueño. 



La Candela Restò


El descubrimiento de nuevos espacios gastronómicos siempre es algo a lo que me acerco con placer.

La Candela Restò es un restaurante que ha abandonado su antiguo emplazamiento en Valdemorillo para venirse al centro, pero centro centro, de Madrid.

Te recibe la cocina, abierta y sin olores, lo que de entrada dice mucho a su favor. Un salón de azulejo blanco en el que las mesas se disponen en derredor, manteniendo la distancia perfecta para evitar que tu conversación se vea invadida por la de contertulios cercanos.
Sus compañeras las sillas, son un vistoso mezclum donde se alternan los diseños DSW de Charles & Ray Eames o las Canteliver de Mart Stam junto con otras no tan famosas, pero no por ello menos conocidas por todos.

Al fondo, dos puertas de ascensor te invitan a subir a los dos menús que cada semana propone Samy Alì, artífice de estos coloridos, sabrosos, divertidos e ingeniosos bocados que se aproximan hacia ti tumbados sobre piedras o escalando sarmientos y que se acompañan de maravilla con vinos como el Jaspi Blanc.

Imágenes pertenecientes a lacandelaresto.com
Si te atraen las mezclas de sabores bien armonizados y te seduce el juego de contrastes, entonces debes conocerlo.



Barcelona

Después de unos cuantos meses de sequía, vuelvo a enfrentarme a una página en blanco para relatarte mis andanzas por una ciudad en la que mis pies se habían posado en varias ocasiones pero, nunca, caminaron por ella. Llegó el momento de conocer, aunque con muchas carencias, Barcelona.



Los días, en que llegar hasta ella desde Madrid por una Nacional II de doble dirección y atravesando pueblos y más pueblos, algunos de ellos encajonados en desfiladeros como el formado por el Jalón a su paso por Somaén, quedaron atrás. 



Se perdió el encanto de conocer, sin pretenderlo, esa parte de la Península más escondida y ahora, muchos de ellos, duermen a la espera de una visita inesperada. Hoy, un viaje "relámpago" te deposita en la Estación de Sants, desde donde podrás acercarte en metro al lugar donde hayas decidido pasar tus jornadas de asueto.

La oferta hotelera de Barcelona es abrumadora. Yo me decidí por el Room Mate Emma tanto por su ubicación como por su precio, eso sí, siempre que no coincida con eventos en la Ciudad Condal pues, de ser así, sus tarifas -al igual que las de todos- se disparan.


Estoy en pleno distrito del Eixample, a dos pasos de la mayor concentración de arte modernista y sin perder más tiempo que el necesario para tomar un café, pongo rumbo hacia él, deteniéndome en la Casa Milà

Antes que nada una advertencia: si eres un loco de entrar a todos los lugares visitables debes saber que, para no hacer colas interminables, es aconsejable que reserves tus entradas con anterioridad por internet y por tanto destinar una nada despreciable cantidad de euros a ellas. Para que te hagas una idea, sumando las entradas básicas de la Casa Milà, Casa Batlló, Sagrada Familia, Hospital de Sant Pau, Museo Picasso, Parque Güell, MNAC y el Palau de la Música, la cuantía total a pagar será de 108,80 €. Eso sí, si eres miembro del ICOM podrás entrar en muchos de ellos gratis o con algún descuento.

Y dicho esto, es el momento de recorrer el sinuoso edificio de Gaudí y subir a las alturas para encontrarme con ellos, guerreros desafiantes sobre un azul inmenso.







Dentro, descubrirás una casa de muñecas a tamaño natural, donde una costurera ha interrumpido su labor para tomarse un descanso.



Momento de ventanas y balcones orgánicos en una mansión concurrida como pocas. Me encuentro en la Casa Batlló y el río de turistas la anega, haciendo intransitables sus estancias. Paciencia. 



Salgo de ella con cierta sensación agridulce y, necesitada de espacios abiertos, me dirijo hacia el mar. Ahí está la Barceloneta, con sus restaurantes a pie de playa pero sensiblemente cambiada. 


Imagen izquierda de mtvo.bcn.blogspot.com

Algunos de los antiguos aún permanecen, como Ca la Nuri pero, abarrotado, lo dejo atrás y me encamino hacia otro de los muchos que se asoman a la playa, AGUA, donde disfrutando del tiempo, saboreo almejas a la brasa y un arroz al carbón con alcachofas, gambas y sepia. Estupendo colofón mañanero. 

Un caminar pausado por la orilla, hasta alcanzar el Port Vell. Quién tiene prisa?



Dejo el mar y entro en otra dimensión a través de callejuelas que me conducen hasta el Barrio Gótico. Silencio y piedra conforman el espacio por el que me muevo, sin pasar inadvertida a miradas ciegas y susurros mudos. 





Andar y andar, recorriendo estas calles detenidas. Plazas escondidas que te animan a descansar sabiendo que, fuera de ellas, la ciudad bulle en su frenético avance hacia un futuro incierto. 


Frente a las heridas sin cerrar sobre los muros de San Felipe Neri, causadas por una guerra fratricida, encontrarás un Relais & Chateaux de nombre homónimo. Enclave perfecto para economías desahogadas.


  
Dejo el lugar en busca de Santa María del Pi, donde me han dicho que un ojo gigante de colores traslúcidos lo observa todo. En su interior la luz juega con ella mientras, desde un escondite, es observada en sus andanzas por pequeños rostros moldeados en cera. 



Y de basílica en basílica llego hasta La Basílica Galería, donde también aquí los exvotos hacen acto de presencia, aunque un poco alejados de la ortodoxia. Entra en ella, seguro que te sorprenderá.



Y ahí La Rambla. Torrente de gente que se mueve como autómatas frente a tenderetes de souvenirs de plástico. Poco a poco, como en tantas ciudades, las grandes cadenas comerciales engullen con voracidad insaciable lo que resta de las tiendas de antaño. Hay que estar atento para poder encontrarlas y, así, recrearse en sus curiosas fachadas.




A pocos pasos de donde me encuentro se levanta un templo del sabor, del color y de la vista. Imposible pasar de largo y no acceder al Mercado de La Boquería. Hacer un alto en el camino, para degustar un vermut en alguno de los locales que le circundan, siempre es buena idea.


Y si de mercados hablamos, no te olvides del antiguo Mercado del Born, en el Barrio de  la Ribera, hoy funcionando como centro cultural. No quedan tiendas, pero sí las ruinas de lo que fuera este barrio en el siglo XIV.



Tras el paréntesis, continuo mi visita por El Raval para cenar en Casa Leopoldo, lugar que en palabras de un genial escritor asiduo a sus fogones "...se mantiene tenaz, contrastando con la mudanza de un barrio chino en plena remodelación en el que la piqueta le quita las varices de sus viejas prostituciones y extermina poco a poco lo que fueron ingles de la ciudad... " Manuel Vázquez Montalbán es quien lo escribe y tomo asiento bajo su soñador mirar miope.



La noche pasó y el día me lleva hasta el Hospital de Sant Pau



Pero descuida, me acerco hasta él para ser yo quien examine a esta joya modernista surgida de la mente de otro gran arquitecto de la época, Lluís Domènech i Montaner







A pocos pasos se alza la archifotografiada Sagrada Familia donde, ante el enjambre de público, huyo en busca de lugares menos concurridos. Atrás dejo el ajetreo urbano adentrándome en Montjuic.



Descendiendo con pausa, llego hasta el MNAC para transitar las salas que, a media luz, muestran las maravillas de un románico arrancado. Un museo inmenso y magnífico que requiere ser visto a pequeñas dosis. 



El momento de hacer un descanso ha llegado, y me voy hasta Poble-sec, cuna del creador de una canción para la nostalgia, Mediterráneo. Aquí, todavía se respira un ambiente de barrio, sin contaminar. 

La comida, reposada, en un restaurante acogedor. 



De nuevo en Ciutat Vella, descubro el Antic Hospital de la Santa Creu. Sosiego entre naranjos y jugadores de ajedrez. 



Sigo mi camino hasta Santa María del Mar. La mirada se eleva, vagando entre pilares sutiles. La gravedad ha desaparecido.


20minutos.es

Bajo a la tierra de nuevo y como ellas, agarro el canasto. El momento de las compras ha llegado.



Lo tengo fácil. Al girar la esquina me encuentro con La Botifarreria de Santa María. Una variedad infinita te asalta desde el mostrador, dificultando la elección a neófitos como yo.



Con la compra hecha y el canasto aparcado, hay que ir pensando en la cena. Paso delante de un restaurante ante cuya entrada me detengo, atraída por un bodegón de colores. 



Levanto la vista y leo su nombre, La Camarga. Sé que me suena de algo, pero no tengo muy claro de qué. Al poco, las neuronas se conectan y me transmiten un mensaje: escuchas bajo manteles.

Decidido! esta noche me dejaré seducir por su carta: cocas, ceviches, erizos, arroces


Eso sí, paparazzi lejos!!




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...